miércoles, 24 de septiembre de 2008

Invierno...

Es increíble como un pensamiento, una palabra, una acción puede cambiar tú destino…
Era uno de esos fríos días de invierno. Mi día en particular no había sido muy bueno… Problemas ¡¡los malditos problemas de siempre!!
Me fui a sentar a la plaza, a esa que acostumbraba a ir en días como este, miraba a la gente pasar, contemplaba la pileta, de repente me sumía en mis pensamientos.
No sé realmente en qué pensaba en ese momento, pero decidí caminar, perderme un rato por las calles de la ciudad; así que me paré y me fui.
Pensaba en la forma de poder solucionar todo, el trabajo no iba muy bien. A ratos aparecía la imagen de mi amada, Martina… Si supieras cómo te amo y que haría lo que fuese por ti, por tenerte, pero sé que esto de nada sirve, solo me ves como tu amigo, como tu mejor amigo… Nada de eso importaba ahora, te vería en un rato más, eso me ponía feliz, y tal vez me alentaba a decirte todo esto.
Mi cabeza se llenaba de ideas, de inseguridades, de miedos, ¿estará bien? ¿Qué debo hacer? Seguía caminando, y así pasó un buen rato, me detuve en el puente de la ciudad, a mirar el río correr, ¡con qué fuerza corría ese río!
Tuve la horrible idea en ese momento de cruzar la calle e ir a la otra vereda del puente, miré hacia mi derecha, vi un imponente camión frente a mí, me paralicé, de ahí no recuerdo mucho, sentía que moría, que mi cabeza explotaría. No veía nada, no sentía nada…
De ahí en adelante fue todo horrible, abrí mis ojos, moví mi cuerpo, o por lo menos eso creí en aquel momento. Sentía que objetos extraños atravesaban mi cuerpo, me dolía todo, estaba en el mismísimo infierno… estoy.
Es todo tan confuso ahora, sé que la gente me viene a ver, lo sé porque los escucho, pero no puedo hablar, es tan asquerosa esta sensación!
Ayer vino Martina, fui feliz, quería abrazarla, contarle todo lo que siento, pero es imposible, mi corazón se aceleró, sentí que de mis ojos cayeron lágrimas, mas no sé si eran reales…
De un momento a otro sentí que algo o alguien me llevó de aquí a otro mundo, a un mundo surreal, en el cual se hicieron reales mis miedos, mis inseguridades, era todo espectral, no sabía qué hacer, jamás saldré de este lugar.
Estoy solo, camino por un pasillo oscuro, entré a una pieza, vi al señor Esteban, él siempre rondó mi cabeza, en sueños aparecía, pero ahora estaba aquí, lo toqué, estaba frío, algo me quiso decir, no le entendí, su cara, su cara… era horrible, siempre que soñaba con él sentía un miedo gigante, y ahora es real…
De pronto más y más imágenes, momentos espeluznantes cruzaban mi cabeza, una vez maté a mi madre, y así sucesivamente, un día me sentía mal, y me ahorqué.
Pero seguía aquí, algo me tenía conectado al mundo exterior.
La tenía, ella era mía, era el hombre más feliz del mundo, éramos. Era todo tan espectacular, todo lo que había soñado, se ha vuelto realidad, quería hacer los momentos eternos junto a ella, lo que siento es algo indescriptible, nunca había sentido esto por alguien.
Me habló… querido amigo me dijo, y fue ahí cuando supe que todo esto era mentira, me quise morir, había sido todo un sueño. En este momento no sé donde estoy, si es que estoy en algún lado.
Estoy atrapado entre lo real y mi inconsciente, con los fantasmas de mi mente, con mis sueños; Dios, cómo odio estar de esta forma! no sé cuánto tiempo ha pasado ya desde el día en que el camión chocó conmigo, pero siento que ha pasado una eternidad, no sé nada del mundo “real”, cada vez me vuelvo más loco.
Estoy solo, pero por momentos hablo con el señor Esteban, ya no me da miedo, tuve que perderlo, es lo único que tengo acá, él es como yo. Después de un tiempo me di cuenta de que era yo, era mi parte que nunca mostré al mundo, fue interesante llegar a conocerme de este modo, por eso siempre le tuve miedo, me tuve miedo, pero ya no más, por mientras nos haremos compañía, nadie sabe hasta cuándo.
Deseo morir, cada vez lo pido con más fuerza, se que nadie me entendería si le contase esto, me mirarían con compasión dirían pobre de él, y me tendrían por años contándoles mi experiencia. Me da rabia a veces, cómo reacciona la gente, sus caras, sus palabras, sus “te entiendo”, no saben nada, no quieren saberlo.
Hay veces en que pienso que es mejor quedarme aquí, puedo hacer reales mis sueños, o por lo menos creer que son reales, esa realidad que me da el inconsciente es indescriptible…
La muerte me visita varias veces al día, hablamos, me dice que me quiere llevar, yo le digo que me quiero ir. Después de tanto tiempo ya somos amigos, aunque la gente no lo crea ella también tiene miedo y su trabajo no es para nada agradable. Nos contamos nuestras penas y alegrías. Ahora es ella y el señor Esteban quienes me acompañan.
Ellos me tienen cierta lástima, sé que los aburro con mis historias de Martina, saben que jamás se hará real lo que deseo, tenerla, pero aún así me dan esperanzas, la muerte no es tan mala después de todo ¿ven? Me da esperanzas, quién lo diría…
Día a día lucho por Martina, por despertar, después de todo es ella lo único que me conecta con el mundo exterior, lo que me mantiene aún en la tierra, la muerte vendrá en un par de años más a buscarme, ella me lo dijo, confío en que sea así, y también confío en que despertaré, por lo menos hay días en que me alumbra aquella esperanza.
Espero que ella no me haya olvidado, yo no lo he hecho…